Estados Unidos es una de las
mayores potencias del mundo. Por ello este país ha sido siempre un destino de
emigración, de búsqueda de futuro. Anteriormente fueron muchos europeos los que
vieron en Estados Unidos su libertad y su futuro, actualmente son africanos y
latinoamericanos quienes ven esa luz al final del túnel en dicho país. Pero la
multiculturalidad de la que están rodeados los americanos no les hace más
tolerantes, sino todo lo contrario. Con estas afirmaciones no me baso
únicamente en simples rumores y palabrerías que se lleva el viento, sin ir más
lejos, la policía norteamericana hace una exhaustiva ficha policial cuando pide
la documentación a algún ciudadano que se halle en su país. En estos casos la
policía anota múltiples características sobre el sospechoso: color de piel,
color de ojos, color de pelo, altura o raza son algunas de sus anotaciones.
Estas cuestiones son llevadas a cabo incluso cuando simplemente se pide la
documentación a unos jóvenes por sospecha de consumo de estupefacientes, no se
le pide únicamente a atracadores o semejante, sino a todo el mundo.
El miedo de Estados Unidos a
lo extranjero es conocido por todos. Sus medidas de protección y de control
exhaustivas son a veces, incluso, insultantes. Pero su punto de mira se centra
principalmente en negros y latinos, como si de un virus para ellos se tratase.
Tanta es la diferencia que hacen entre ciudadanos norteamericanos y
afroamericanos o latinoamericanos que, incluso en la televisión, se puede
observar. Si cualquiera de nosotros escuchase un telediario norteamericano en
el que se cuentan sucesos de todo tipo, en el momento en que uno de estos
sucesos tuviese por protagonista (por supuesto, con aspecto negativo) a un
afroamericano o a un latinoamericano la noticia lo reflejaría tal cual “un hombre de raza negra atraca una
gasolinera”; si, por el contrario, ese mismo suceso ha sido llevado a cabo
por un americano de raza blanca el telediario omitiría detalles sobre el color
de su piel, simplemente señalarían “un
hombre atraca una gasolinera”. Son detalles como estos donde podemos observar
el ataque que la población norteamericana hace hacia estos ciudadanos.
Es curioso que tales
prejuicios nazcan de un país donde, seguramente, a día de hoy prácticamente
todos sus habitantes son descendientes de ingleses, irlandeses, franceses,
españoles, italianos, etcétera. El americano como tal no existe, es un país
nuevo sin apenas historia y sin apenas población propia, entonces yo lanzaría
la pregunta, ¿por qué tanto miedo y tanta repulsión hacia los que vienen si
gracias a gente como ellos estáis vosotros aquí?
Carmen D.S.
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