Estamos rodeados de
películas, de interpretaciones de unos y otros personajes, algunos más famosos,
otros que forman parte de la historia del mundo y otros, simplemente, nacidos
de la imaginación de directores, guionistas o escritores. Muchas veces buscamos
en las películas una evasión, permanecer durante un tiempo aproximado de dos
horas en otro mundo, en otra situación, pendientes de la vida de otros en lugar
de la propia, ser por un momento otra persona. Pero, ¿cómo es esa persona?
Quizás parecida o quizás diferente, pero en muchos casos habrá sido
transformada para enamorar a nuestros ojos. Si no es así pensemos: ¿Cuántos de
nosotros no nos hemos sentido decepcionados al ver a uno de los personajes de
nuestro libro favorito llevados a la gran pantalla? Y es que el séptimo arte
también está bañado en estereotipos, tanto que la propia realidad o historia se
mancha o pisotea con tal de seguir los estereotipos marcados por la sociedad.
Para situar al lector ante
este hecho propondremos una serie de ejemplos, de personajes, que pueden ser fácilmente
observados en películas conocidas por muchos de nosotros:

Todas estas características tanto
físicas como en el aspecto saludable del que fue rey de Inglaterra y Señor de
Irlanda hacen que no fuese lo que actualmente entenderíamos por alguien bello
(ni aún en su tiempo lo era sino por su poder). Pero el cine no podía permitir
que sus espectadores tuviesen ante sus ojos a un ser tan repugnante del cual
querían dar la imagen de conquistador, tanto en el campo de batalla como en el
sexual. Por este motivo, a la hora de llevar a este personaje histórico a la
gran pantalla tuvieron que hacerle unos pequeños “arreglos”, tanto que nuestro
Enrique VIII de peso elevado y múltiples enfermedades se convertía en un
fuerte, joven y saludable Eric Bana (en la película Las hermanas Bolena del director Justin Chadwick) o en un Jonathan
Rhys-Meyers moreno y de mirada clara y penetrante (serie de televisión Los Tudor creada por Michael Hirst).
Un poco lejos de la
realidad, ¿no creen?.
·
Sin ir
más lejos, el director Carol Reed, que decidió llevar a la gran pantalla a este
personaje tan pintoresco (en la película El
tormento y el éxtasis), a este artista, no eligió a cualquiera para
interpretar el papel, sino al mismísimo Charlton Heston, para muchos un icono
de la belleza madura, de nuevo distando mucho de la realidad.
De
nuevo demostramos la censura en la gran pantalla, ¿o alguien es capaz de encontrar esas múltiples cicatrices y esa innegable fealdad?.
Estos ejemplos deberían ser suficientes para observar, como ya se ha dicho, la censura física a la que estamos expuestos y de los que nosotros mismos formamos parte, ¿o es que a alguien le agrada ver personajes con malformaciones, repulsivos, que nos inciten a apartar la mirada de la pantalla? Ni nosotros ni los cineastas queremos eso, por lo que, para solucionar este pequeño problema, todo es fácil si ponemos una máscara delante de aquello que no nos gusta, que no queremos que sea apreciable, ¿no les suena esto de algo? Quizás… ¿a la vida real? Por ejemplo.
Carmen D.S.